Acerca de la Ceguera

Acerca de la Ceguera

Cuando un Ciego pasa a nuestro lado…

No piense que ahora hay más ciegos en el Uruguay que los que había tiempo atrás. Sucede que ahora salen a la calle, van a comercios, fábricas, talleres, oficinas y otros lugares de trabajo; concurren a clase en liceos, facultades, academias; o como a cualquier persona, les gusta divertirse, bailar, ir al teatro, pasear.

No sienta lástima; no piense “pobrecitos no saben por dónde van”, “no pueden trabajar como los demás”, “no son felices…”. Piense, más bien, que aunque no vean encuentran lugar y modo para la alegría. No es común que las personas con visión normal se detengan a pensar en la condición del ciego con el que se cruzan casualmente en la calle. Sobre esto y otras cosas, surgirá información a lo largo de este sitio.

¿Cuántas Personas Ciegas hay en nuestro país?

No lo sabemos. Aunque parezca increíble, en los censos nacionales no se incluyen preguntas al respecto. Lo único que podemos hacer es aplicar al Uruguay porcentajes de otros países. En tal caso podría estimarse que en nuestro país hay entre 5.000 y 6.000 personas ciegas o con baja visión.

¿Qué se entiende exactamente por ceguera?

Hay ciegos que alcanzan a distinguir luces, incluso algunas formas difusas; otros sólo pueden percibir un campo visual muy estrecho, pero fuera de él no distinguen nada del mundo exterior; hay quienes son ciegos de día, pero en la noche tienen visión normal, etc.

¿Por qué puede quedarse ciega una persona?

Las causas son muchas y muy variadas. Un niño puede nacer completamente ciego. Pero también puede adquirir la ceguera casi enseguida; por ejemplo, a algunos bebés, cuando deben permanecer un tiempo en incubadora para poder sobrevivir, se les puede dañar su visión por el oxígeno que se les debe suministrar. En nuestros días los avances de la ciencia permiten que muchos niños que antes fallecían al nacer, sean salvados. En algunos casos padecerán diferentes secuelas, por ejemplo, discapacidad visual o discapacidades varias, adicionales. El desafío para este fin de siglo es salvar por la educación a estos niños y, sobre todo, defender su derecho a la vida.

Muchas cegueras sobrevienen por malformación congénita de los órganos visuales. Muchos desprendimientos de retina, por ejemplo, se producen porque la forma del globo ocular no le proporciona a la retina un asidero suficiente.

Pero aparte de las causas congénitas, que son muy variadas, a lo largo de la vida pueden sobrevenir enfermedades que deriven en ceguera o insuficiencias visuales varias: diabetes, glaucoma, cataratas, degeneración macular, más acusadas en la tercera edad.

Por último, muchas veces la ceguera se produce a causa de accidentes de muy variada naturaleza. Los cuidados en el hogar y no exagerar las altas velocidades de los automóviles, ayudan a prevenir accidentes.

Ayer un marginado, hoy un hombre pleno

En civilizaciones pasadas se consideró al ciego como un ser inútil, hijo del pecado, a quien no le quedaba otro camino que la mendicidad. El abandono y el desprecio social fueron la norma. Nada menos que filósofos como Platón y Aristóteles preconizaban el infanticidio: los niños que nacían con defectos eran eliminados. En Roma pasó lo mismo con la Ley de las Doce Tablas. Pero el canto en algunos casos, la adivinatoria en otros, salvó más de una vida de aquellos infelices y marginados ciegos. Asilos y mendicidad fueron entonces su destino durante muchos siglos.

En nuestros días, en cambio, predomina el concepto de que el ciego es un ser humano con todos los derechos, que debe educarse, adquirir capacitación laboral y de ese modo integrarse como miembro útil de la sociedad. El hombre común también lo va entendiendo así… y ofrece su ayuda.

Para ayudar mejor a la persona ciega; el arte de ser natural

Ni lástima ni sobreprotección. Actuar naturalmente como si se ayudara a cualquier persona porque todos -en algún momento de nuestras vidas- necesitamos ayuda. De todos modos repasemos juntos algunas formas:

1. Ayudar a un ciego es facilitarle lo que necesita o desea; no suplantarlo en lo que puede hacer por sí.

2. Para guiar a un ciego en la calle, ofrézcale su brazo. Sin necesidad de más instrucciones, el contacto del brazo le será suficiente para desplazarse con desenvoltura.

3. Para subir o bajar del ómnibus, conduzca al ciego hasta la puerta de entrada o salida e infórmele de la existencia de escalones, pasamanos, etc.

4. Ayude al ciego sólo cuando sea necesario. Si lo ve caminando normalmente con su bastón, no hay razón para que le ofrezca ayuda.

5. Procure no dejar obstáculos en los lugares de paso del ciego. Evite elementos colgantes que para el ciego son más difíciles de detectar. En todo caso, y sobre todo en las aceras, cuelgue lo que quiera por encima de los 2 metros de altura; el ciego no tendrá problemas para pasar por debajo.

6. Las puertas deben estar abiertas del todo o cerradas del todo. Las posiciones intermedias pueden generar choques o accidentes.

7. Cuando usted acompaña a un ciego que va a hacer una compra, infórmele con amplitud sobre las opciones y precios posibles, pero permítale elegir a él, sin imponerle sus propios gustos o criterios.

8. Mucha gente levanta la voz cuando le habla a un ciego. ¿Para qué? Su insuficiencia es visual, no auditiva.

9. Cuando le ofrezca un asiento a un ciego, indíquele la posición del mismo guiando su mano hasta el respaldo o el brazo del asiento.

10. No se ofenda ni se moleste si un ciego, luego de agradecerle, rechaza su ofrecimiento por no considerarlo necesario en ese momento. Y no dude de que el agradecimiento fue sincero.

Un ciego no es una persona a tientas

Pero necesita recibir una formación adecuada. Esta formación se refiere a dos aspectos:

  1. Una educación a la par de la que reciben las personas que ven.
  2. Un proceso de adiestramiento en técnicas y destrezas que le permitan superar su limitación visual: lo que se llama “rehabilitación”.

El ciego en la escuela

Cuando cada marzo las calles se llenan de túnicas blancas, también los niños ciegos o de baja visión ingresan a la Educación Primaria.
Aprenden a leer y a escribir como los demás niños, en el mismo tiempo, con las mismas lecturas. Sus deditos recorren las páginas de libros que sus compañeros leen con los ojos. Emplean útiles de geometría con indicaciones en relieve; mapas confeccionados en altorrelieve; reproducciones de objetos y animales en un atrayente museo dirigido al tacto.

Jóvenes ciegos en el liceo y en la Universidad

Por su parte, los liceos han recibido y reciben a alumnos ciegos desde el ya lejano 1955. En el interior y la capital han sido y son muchos quienes, pertrechados con su bastón, su máquina de escribir y su grabador, cursaron la Enseñanza Secundaria.

Y luego se abrieron las puertas de las facultades, y jóvenes ciegos (hombres y mujeres) se convirtieron en universitarios y más tarde en profesionales: abogados y psicólogos, principalmente.

Una batalla que libra con ganas la FBU: la integración

La Fundación Braille del Uruguay está convencida de que es en el seno de su familia y de su comunidad donde la persona ciega o de baja visión encuentra, como todo ser humano, el ámbito adecuado para su realización personal. Desde los juegos entre los preescolares, hasta las diferentes actividades en la Escuela, o liceos y facultades, el destino de la persona ciega es integrarse con los prójimos que ven. Crear conciencia y condiciones para esta integración ha sido y es la razón de ser de la Fundación Braille del Uruguay.

“Si me quedo ciego me pego un tiro”

No es así. Las personas que pierden la vista tienen caminos hacia el futuro. Se puede aprender a vivir como persona ciega o de baja visión. Es lo que se denomina Rehabilitación: un camino hacia una creciente plenitud, aceptando la disminución.

Dijo Homero de Gregorio, uno de los pioneros y principales promotores de la Rehabilitación en el Uruguay, hablando a partir de su propia experiencia de ciego: “La rehabilitación de los impedidos, les permite su reingreso de pleno derecho y con ejercicio de toda responsabilidad al seno del grupo familiar y de su comunidad. La rehabilitación ayuda al individuo a entender su disminución física o sensorial y a desarrollar sus habilidades como para sentir el gozo de vivir”.

Volviendo a aprender la vida cotidiana

En el Uruguay, la rehabilitación de las personas ciegas está a cargo del Centro de Rehabilitación para Ciegos “Tiburcio Cachón”, fundado en 1962. Es una dependencia del Ministerio de Salud Pública, situada en la calle Juan José Quesada 3666.

Allí se enseña al ciego a leer y escribir en sistema braille, a desplazarse con su bastón blanco, viajar en ómnibus, realizar las indispensables tareas hogareñas: prender fósforos, encender la cocina, tenderse la cama, enhebrar una aguja, ordenar un placard, barrer, lavar ropa, platos, etc. Pero también aprenderá el uso del bolígrafo, la máquina de escribir y de la máquina de escribir Braille, la computadora, aparatos auxiliares informatizados.

El ciego sentado en un banco de la escuela

Desde comienzos del siglo los niños ciegos del Uruguay recibieron instrucción: inicialmente en el Asilo de Huérfanos (1905-1912), luego en el Instituto Nacional de Ciegos “General Artigas” (1914). Desde 1958, Educación Primaria atiende este derecho del niño uruguayo: las Escuelas 198 y 279 para Discapacitados Visuales proporcionan los medios y recursos para una adecuada formación escolar. En el interior del país, se crearon aulas para niños ciegos, a cargo de maestras especializadas, en Dolores (Soriano), en Paysandú, en Tacuarembó y en Rivera.

Los pequeños se pueden educar con sus coetáneos en aulas comunes, y recibir la misma enseñanza que el niño que ve. No sólo van a clase: practican deporte, gimnasia, natación, atletismo; forman coros, cuerpos de baile; hacen excursiones y… ¡todo lo que nuestros hijos que ven! Fuera de las aulas integran grupos de jóvenes que organizan bailes, hacen paseos, escuchan música, discuten, siempre discuten sobre lo que sea y eso está bien porque si los jóvenes no discuten desaparecen los horizontes.